viernes, 6 de noviembre de 2026

Los Diablos

 

Las gestas más gloriosas a veces requieren de actos impíos.

El hermano Díaz tiene una cita en la Ciudad Santa, donde cree que lo recompensarán con una cómoda posición en la Iglesia. Pero resulta que su nuevo rebaño está compuesto por asesinos contumaces, horrorosos practicantes de lo arcano y auténticos monstruos. En esta nueva misión, todos tendrán que tomar las medidas más sangrientas si quieren alcanzar sus justos fines.

Los elfos acechan en nuestras fronteras, ávidos de nuestra carne,
mientras príncipes egoístas solo se preocupan por su posición y
bienestar. Dado el épico e infernal viaje ante él, al hermano Díaz no le viene nada mal tener a los diablos de su lado.

Joe Abercrombie vuelve con una aventura de fantasía mucho más desenfadada e irreverente de lo habitual en él. Aquí mandan la magia, las criaturas sobrenaturales y una compañía de antihéroes de lo más peculiar.

La novela transcurre en una Europa alternativa, con un pasado distinto al nuestro, donde la magia es real y los elfos son una amenaza aterradora. Las instituciones religiosas y políticas distan mucho de ser ejemplares. Aquí las buenas intenciones no siempre llevan a buenos resultados, y a veces la única forma de hacer lo correcto pasa por los medios más cuestionables.

Se mantienen varios rasgos reconocibles de Abercrombie, sobre todo su visión de la moral, el poder y la naturaleza humana, pero hay bastante más fantasía tradicional, más monstruos y más aventura. El resultado mezcla fantasía oscura, humor negro y acción sin perder el fondo cínico del autor.

La narración es ágil y entretenida, y tiene mucho carácter. El estilo es directo y muy visual, con diálogos afilados, situaciones absurdas y bastante violencia explícita. El humor, negro y sarcástico sobre todo, pesa mucho: hasta las escenas más desagradables acaban arrancando alguna carcajada.

El ritmo aguanta aunque se alternen escenas de acción con otras mucho más tranquilas. Los enfrentamientos, las conspiraciones, las discusiones entre los miembros de la compañía y los disparates se suceden con naturalidad. Además, Abercrombie juega todo el rato con lo que espera el lector: coge los arquetipos clásicos de la fantasía, les da la vuelta y monta escenas que de otro modo no se darían.

Detrás hay una construcción del mundo y de los personajes cuidada. La ambientación alternativa, las tensiones religiosas y políticas y las criaturas sobrenaturales dan profundidad suficiente para que la novela no sea solo una sucesión de aventuras y escenas violentas.

Los personajes son probablemente lo mejor de la novela. Abercrombie vuelve a demostrar que sabe hacer protagonistas imperfectos y contradictorios, a menudo directamente despreciables, a los que aun así cuesta no cogerles cariño.

  • El hermano Díaz es uno de los grandes contrastes de la historia. Es religioso y llegó con unas expectativas que chocan una y otra vez con sus nuevos compañeros y con la brutalidad de la misión. Su mirada ofrece otro punto de vista sobre lo que ocurre, sobre todo cuando se enfrenta a un mundo en el que cuesta mantener intactas la fe, la justicia y la moral.
  • Álex es otro personaje central. Su pasado como ladrona y su carácter poco convencional chocan con el destino que parece esperarla. Su evolución es uno de los arcos más interesantes de la novela, por la distancia entre lo que es al principio y las responsabilidades que tendrá que asumir. No es la típica heroína destinada a grandes gestas, y buena parte de su gracia está ahí.
  • Vigga es una mujer lobo impulsiva, con una forma muy suya de relacionarse con los demás, y de ahí salen algunas de las situaciones más divertidas. También deja ver un lado más vulnerable.
  • Solete, la elfa del grupo, se sale de los esquemas habituales, como casi todos en una compañía donde prácticamente nadie encaja en lo que se esperaría de un grupo de aventureros convencional.
  • Baltasar y el resto de la compañía completan un reparto de lo más peculiar, en el que cada uno tiene sus propias motivaciones, defectos y contradicciones. Que convivan individuos tan distintos da pie a conflictos constantes, situaciones absurdas y diálogos que son buena parte de la identidad de la novela.

Los personajes funcionan sobre todo por cómo interactúan. No son héroes que se juntan por una causa noble y con unos ideales comunes, sino un puñado de individuos que, cada uno por sus motivos, acaban compartiendo una misión. Entre las relaciones, las discusiones y lo imprevisible de su comportamiento, la compañía acaba teniendo identidad propia y el lector se interesa tanto por ellos como por el destino de la aventura.

Lo que mejor funciona:

  • Unos personajes carismáticos, imperfectos y moralmente cuestionables que acaban siendo el principal atractivo de la historia.
  • El humor negro, la ironía y unos diálogos mordaces que le dan mucho carácter y la distinguen de otras novelas de fantasía oscura.
  • Una ambientación alternativa que mezcla elementos históricos, fantasía tradicional y criaturas sobrenaturales, y que se aleja de la de sus otras obras.
  • La dinámica entre los miembros de la compañía, que da situaciones muy divertidas y mantiene el interés de principio a fin.
  • La mezcla de acción, violencia, conspiraciones y aventura, que mantiene un ritmo ágil pese a lo largo que es el libro.
  • Cómo juega con los arquetipos clásicos de la fantasía y les da la vuelta, lejos de los héroes y villanos de siempre.

Lo que menos convence:

  • La extensión. Las más de 800 páginas pueden hacerse excesivas en algunos momentos, sobre todo cuando ciertas situaciones se alargan más de la cuenta.
  • El humor está por todas partes. Es de lo mejor del libro, pero a quien prefiera una fantasía oscura más seria, centrada en lo político y lo dramático, le puede parecer repetitivo.
  • Hay muchos personajes, y al principio cuesta un poco coger el ritmo y familiarizarse con todos los de la compañía.
  • Quien espere algo en la línea de La Primera Ley, con muchas intrigas políticas, conflictos militares y evolución psicológica de los protagonistas, se va a encontrar con algo bastante distinto. Aunque conserva el sello del autor, aquí pesan mucho más la aventura, la fantasía sobrenatural y el humor.

Los diablos es un libro muy interesante en el Joe Abercrombie demuestra que puede conservar su visión de la naturaleza humana, los personajes moralmente ambiguos y los diálogos cínicos, y a la vez apostar por una aventura mucho más desenfadada, con monstruos, magia y humor negro en primer plano, con una compañía tan disparatada como carismática que carga con gran parte del peso de la novela.

No es la fantasía oscura más tradicional ni una historia que se recree en las conspiraciones y los conflictos políticos. Es sobre todo una aventura larga, violenta, irreverente y muy entretenida que aprovecha los elementos clásicos del género para hacer algo distinto.

Si has disfrutado con los libros anteriores de Abercrombie, aquí vas a encontrar muchos de los ingredientes de su estilo, vistos desde otro ángulo. Y si buscas fantasía con protagonistas poco convencionales, mucho humor negro, acción y una buena dosis de mala leche, Los diablos es una lectura más que recomendable. Porque, al fin y al cabo, cuando el mundo está lleno de monstruos, quizá no sea tan mala idea tener unos cuantos de tu lado.


viernes, 25 de septiembre de 2026

La república de otoño. Los magos de la pólvora III

 

Adopest ha caído en las peores manos.

El Mariscal de Campo regresa a Adro para encontrar que, por primera vez en la historia, la capital está dominada por un invasor extranjero. Su hijo ha desaparecido y Tamas debe reunir las fuerzas que le quedan para vencer a Kez.

El ejército está dividido. Las fuerzas de Kez no les dan tregua y la cúpula superior de Adro se ha vuelto contra sí misma. Alguien está vendiendo sus secretos. El inspector Adamat busca al traidor, pero a medida que desentraña la conspiración descubrirá una verdad aterradora.

Mientras, Taniel Dos Tiros, el mago de la pólvora que le disparó a un dios, huye. Lo persiguen hombres a los que consideraba sus amigos. Deberá salvaguardar el único recurso posible para defender la nación de Kez.

Si fracasa, todo estará perdido.

Tercer y último volumen de la trilogía Los magos de la pólvora.

Se retoma la historia prácticamente desde donde terminó La campaña escarlata. Adro se encuentra en una situación límite: la guerra contra Kez continúa, el ejército está dividido y la propia capital, Adopest, ha caído bajo el control de fuerzas extranjeras. Mientras Tamas intenta reorganizar lo que queda de su ejército, las conspiraciones políticas y las amenazas sobrenaturales convierten el conflicto en algo mucho mayor que una simple guerra entre dos naciones.

En este último volumen, McClellan lleva todos los elementos que había ido construyendo en las dos novelas anteriores hasta sus últimas consecuencias. La revolución iniciada por Tamas, la guerra con Kez, el conflicto entre los diferentes tipos de magia y el despertar de los dioses terminan confluyendo en una historia mucho más grande y épica. El resultado es una novela que mantiene la identidad de la trilogía, pero que incrementa considerablemente la escala de los acontecimientos. Además de que el sistema mágico se amplía y se explican mejor algunas de sus posibilidades, especialmente en lo relacionado con los Privilegiados y los dioses.

Narración sigue siendo uno de los pilares de la novela. Tamas, Taniel y Adamat pero se acoplan y cogen más peso personajes como Nila y Borbador, cuyas tramas terminan adquiriendo una importancia considerable dentro del conjunto. También se sigue mantenido el estilo directo y visual dando capítulos, por lo general cortos y con finales de capítulos con tensión, lo que hace que la lectura resulte especialmente ágil.

El ritmo no pierde velocidad, si no al contrario que se gana ya que la alternancia entre batallas, investigaciones, conspiraciones políticas y enfrentamientos mágicos consigue que las diferentes líneas argumentales terminen convergiendo de manera más evidente que en los anteriores volúmenes.

Con respecto a los personajes principales se pueden destacar los siguientes:

  • Mariscal Tamas: Probablemente sea en este libro donde más se profundiza en su dimensión personal. Tamas sigue siendo el estratega y líder militar que hemos conocido desde el comienzo, pero la guerra empieza a mostrarle las consecuencias de sus decisiones de una forma mucho más directa. Ya no se trata únicamente de ganar batallas o derrocar gobiernos: tiene que decidir qué está dispuesto a sacrificar y qué significa realmente la revolución que inició.

Además, su relación con Taniel adquiere una importancia especial. Después de tres libros de enfrentamientos, distanciamiento y reproches, la relación entre ambos alcanza una dimensión mucho más humana. Es uno de los aspectos que mejor funcionan en el cierre de la trilogía.

  • Taniel Dos Tiros: Su evolución continúa siendo una de las más interesantes de la saga. En este volumen se muestra un Taniel más maduro y consciente de sus propias decisiones. Su relación con Ka-Poel adquiere también un componente más emocional y personal, aunque el personaje de ella, pese a su enorme importancia, queda en determinados momentos algo más relegado de lo que cabría esperar.
  • Adamat: El inspector vuelve a demostrar que no necesita ser un mago de la pólvora ni un Privilegiado para resultar fundamental. Su inteligencia, capacidad de investigación y extraordinaria memoria lo convierten nuevamente en el personaje encargado de descubrir qué está ocurriendo detrás de las apariencias adquiedo especial importancia en Adopest, donde las intrigas políticas y las traiciones convierten la investigación en una cuestión de supervivencia. De hecho, su línea argumental consigue conectar de manera bastante efectiva la parte política de la novela con el conflicto militar.
  • Ka-Poel: Es uno de los personajes más interesantes de toda la trilogía precisamente porque McClellan mantiene buena parte de su magia rodeada de misterio. En este libro su importancia aumenta debido a su capacidad para contener una amenaza de Kresimir. Su poder, resulta fascinante porque ni siquiera ella parece comprender completamente los límites de sus propias capacidades. Sin embargo, el personaje podría haber tenido todavía más protagonismo, especialmente teniendo en cuenta la importancia que adquiere dentro del conflicto.
  • Nila y Borbador: Ambos adquieren una presencia mucho mayor y sirven para ampliar el funcionamiento del sistema mágico de los Privilegiados. Especialmente interesante resulta la relación entre Nila y Borbador, que permite explorar una faceta diferente de la magia y ofrece cierto contrapunto respecto a los personajes que ya conocemos.

En cuanto a los antagonistas, esta vez no es tanto una persona concreta o personas sino una mezcla de personas, situación política, guerra y conspiraciones internas y, sobre todo, con la amenaza de los dioses.

Los dioses dejan de ser una simple parte del trasfondo del mundo para convertirse en una amenaza tangible que afecta directamente a todos los protagonistas. Al mismo tiempo, la situación política de Adro demuestra que una revolución no termina simplemente con el derrocamiento de un monarca. El vacío de poder, las diferentes facciones y la lucha por determinar el futuro del país generan un conflicto político paralelo al militar. La novela utiliza así la guerra para explorar una cuestión interesante: qué ocurre después de conquistar el poder y quién tiene derecho a decidir qué viene después.

Los puntos fuertes de la novela son:

  • Uno de los grandes aciertos es la convergencia de las diferentes tramas. Después de dos libros en los que las historias de Tamas, Taniel y Adamat avanzaban muchas veces por caminos independientes, aquí empiezan a confluir de una manera mucho más evidente. 
  • la evolución de los personajes. Tamas y Taniel, especialmente, reciben un desarrollo más emocional, mientras que personajes secundarios como Nila y Borbador ganan profundidad.
  • El ritmo. Aunque existen algunos momentos más pausados, la novela mantiene una sensación constante de movimiento. Las batallas, persecuciones, investigaciones y conspiraciones se suceden con bastante rapidez, haciendo que sea una novela especialmente fácil de devorar una vez que la historia alcanza su tramo final. 
  • Y, por encima de todo, uno de los mayores atractivos de la trilogía continúa siendo la combinación entre fantasía y tecnología militar. McClellan construye un mundo en el que los mosquetes, los cañones y la pólvora conviven con magos capaces de manipular diferentes formas de poder dando lugar a un sistema de magia novedoso con respecto a otros autores de fantasía.

 Por otro lado, lo negativo:

  • El aumento de escala hace que aparezcan más personajes, facciones, poderes y conflictos, y no todos reciben el mismo nivel de desarrollo. Algunas situaciones pueden resultar algo convenientes para que la trama avance y determinados aspectos del mundo siguen quedándose en segundo plano.
  • Adamat pierde algo de fuerza frente a las otras dos líneas argumentales. Su investigación es interesante y necesaria para la historia, pero el componente sobrenatural y militar hace que sus capítulos puedan parecer menos espectaculares.
  • Por último, algunos lectores pueden encontrar excesiva la acumulación de elementos en el tramo final: guerra, conspiraciones políticas, magia, dioses y conflictos personales terminan convergiendo al mismo tiempo. Funciona a nivel de entretenimiento, pero en algunos momentos da la impresión de que McClellan quiere cerrar demasiadas puertas simultáneamente.

Para finalizar, la novela es un cierre sólido para Los magos de la pólvora y, especialmente porque en ningún momento se ha perdido la identidad de los tres libros llevando todo a su máxima expresión.

La novela quizá no profundiza tanto en el mundo como podrían hacerlo otras sagas de fantasía épica, y su apuesta por la acción hace que determinados aspectos queden en un segundo plano. Sin embargo, compensa esas carencias con un ritmo muy ágil, personajes carismáticos y una combinación bastante original de fantasía militar, revolución, intriga política y magia.

Además, el cierre de las relaciones entre sus protagonistas, especialmente entre Tamas y Taniel, aporta una dimensión emocional que la saga necesitaba después de dos novelas centradas principalmente en la guerra y la supervivencia.

En conjunto, La república de otoño supone una conclusión coherente y entretenida para una trilogía que destaca sobre todo por su original concepto: ¿qué ocurre cuando sustituyes espadas y caballeros por mosquetes y artillería, pero mantienes la magia, los dioses y las grandes guerras de la fantasía épica? Brian McClellan responde a esa pregunta con una historia dinámica, violenta y muy cinematográfica, que consigue cerrar la mayoría de los grandes conflictos planteados a lo largo de la trilogía.